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Canaán y Reposo

En Josue 21:43-45 leemos que Dios cumplió sus promesas. Génesis 17:8 contiene la promesa de la tierra de Canaán hecha a Abraham. Para dar a sus descendientes esa tierra era necesario sacar a los Canaanitas, que no pudieran resistir a los hijos de Israel. Si siguieron existiendo es por que los Israelitas no cumplieron el mandamiento de Dios (Números 33:50-56). En darles la tierra también les dió reposo. Poseyeron la tierra; recibieron la promesa de Dios.
Vale la pena notar quienes fueron los que poseyeron la tierra. No fueron los que murmuraron cuando primero llegaron a la tierra de Canaán (Números 14:1-24). No fueron los incrédulos y desobedientes. Fueron los dedicados a Dios (Josué 5:2-7). Los padres de la generación que obtuvo la promesa pensaban que sus hijos morirían en el desierto (Exodo 17:3, Números 14:2,3). Pero los hijos tuvieron un temor de Dios que sus padres no conocieron, y Dios les prosperó.
También es de notarse que ejecutaron el juicio de Dios contra los Canaanitas. Para entrar en el reposo y posesión de todas las promesas era necesario pasar por un juicio (Génesis 15:16; Exodo 23:23,24; Números 21:34,35).
La generación dedicada a Dios, por lo tanto, fueron instrumentos del juicio de Jehová, y experimentaron el cumplimiento de sus promesas. Recibieron la tierra y el reposo.
Pero unos 300 años después, David escribe así en el Salmo 95:7-11 Si oyereis hoy su voz, no endurezcáis vuestro corazón, como en Meriba, como en el día de Masah en el desierto, donde me tentaron vuestros padres, me probaron y vieron mis obras. Cuarenta años estuve disgustado con la nación, y dije: Pueblo es que divaga de corazón, y no han conocido mis caminos. Por tanto, juré en mi furor que no entrarían en mi reposo.
Ahora David exhorta a los que ya están en la tierra a no endurecer su corazón, como habían hecho sus padres. Les recuerda del castigo que vino sobre sus padres, que Dios juró que no entrarían en su reposo. El autor de Hebreos reflexiona profundamente acerca de lo que leímos del Salmo 95 en Hebreos 3:7-4:11. El versículo que quiero subrayar ahorita es el 4:8: Porque si Josué les hubiera dado el reposo, no hablaría después de otro día. Lo que está diciendo es esto:
1. El reposo que obtuvieron los Israelitas con Josué no puede ser el mismo reposo en el cual juró Dios que no entrarían los murmuradores, tiene que ser algo más profundo.
2. Esto es cierto porque David, mucho después, habla de otro día. Compara a los que viven en la tierra con los que murmuraron y no pudieron entrar por su incredulidad. Es decir, los que están viviendo en el reposo y la tierra que se ganó bajo Josué están expuestos al peligro de no entrar en el reposo --obviamente, entonces, el reposo tiene que ser algo más profundo.
3. También tiene que ser algo más profundo porque es el reposo de Dios, quien reposó de sus obras en el séptimo día.
4. Por lo tanto, queda un reposo para el pueblo de Dios (v.9).
Es decir, para nosotros hay una esperanza del reposo, hay un reposo que todavía no alcanzamos.
¿Cómo podemos decir que los murmuradores no entraron en la tierra, y por lo tanto no entraron en el reposo de Dios si a la vez vamos a decir que los que entraron en la tierra no necesariamente entraron en el reposo de Dios? Parece que de un lado estamos exluyendo a estas personas del reposo porque no entran en la tierra; pero de otro lado estamos diciendo que los que están en la tierra no necesariamente comparten el reposo. ¿Cómo es posible decir las dos cosas sin contradecirnos? Creo que lo que se tiene que decir es que la tierra simbolizaba el reposo. El éxodo de Egipto simbolizaba la redención –pero no todos que experimentaron el símbolo tuvieron la realidad simbolizada. De la misma manera la tierra de Canaán simbolizaba la herencia del pueblo de Dios y su descanso –pero algunos que descansaron y heredaron simbólicamente no entraron en la realidad simbolizada.
¿Qué es este reposo que queda? Es un reposo en comunión con Dios (Hebreos 4:10). Es un reposo de las obras (Hebreos 4:10). Parece que Apocalipsis 14:13 habla de un reposo que tiene éstas características. Entramos en el reposo cuando morimos –si es que hemos mantenido firme nuestra confianza en Cristo hasta el final (Heb. 3:14). Esto nos trae al asunto de la perseverancia. Quizás la forma más sencilla de decirlo es que las promesas de Dios son para los que verdaderamente creen –pero los que verdaderamente creen no dejan de creer. No creen hoy y mañana pierden su fe. Si verdaderamente creemos hoy, creeremos también mañana. Esto no pasa automáticamente. Dios usa medios para lograr que permanece nuestra fe. Lea Lucas 22:31-32 y piense qué nos enseña acerca de la necesidad absoluta de no perder la fe, y también que hace Cristo para mantenerlo. El autor de Hebreos pone mucho énfasis en nuestra responsabilidad para mantener nuestra fe. Debemos exhortarnos unos a otros (Hebreos 3:13); debemos temer (Hebreos 4:1) –el hecho que Dios nos preserva no nos da la licencia para ser descuidados, porque Dios nos cuida mediante nuestra vigilancia.
Ahora bien, pensando en la tierra de Canaán cómo símbolo, creo que podemos decir que no es solamente la muerte, sino los cielos nuevos y la tierra nueva donde tenemos nuestro descanso. En Apocalipsis 21:1-7 queda claro que en los cielos nuevos y tierra nueva hay comunión con Dios (Apocalípsis 21:3); hay la ausencia de todo mal (Apocalipsis 21:4); y allí heredamos todas las cosas (Apocalipsis 21:7). Si en los cielos nuevos y tierra nueva encontramos todas las características que encontramos en el símbolo de Canaán, eso nos autoriza para decir que ese nuevo mundo es el cumplimiento del símbolo, lo que Canaán significaba. Por lo tanto, allí está nuestro descanso eterno y pleno.
Nosotros, entonces, estamos en la condición del pueblo de Israel cuando se iban acercando a las fronteras de la tierra prometida. Ellos habían sido sacados de Egipto, pero todavía sin heredar la tierra prometida. Nosotros profesamos haber sido sacados del Egipto del pecado; aquí estamos en la iglesia y no en el mundo; también tenemos promesas de una herencia, de compartir el descando de Dios. Para entrar en la posesión faltaba un juicio de Dios –para nosotros también falta un juicio antes de que llega la tierra nueva y los cielos nuevos (Apocalipsis 20:11-15, 2a de Pedro 3:1-13). Procuremos, pues, entrar en aquel reposo. ¿Qué nos excluirá? La incredulidad (Hebreos 3:12,19) y la desobediencia (Hebreos 4:6,11). Estas cosas van juntas. Una fe verdadera no solamente permanece sino que trabaja. Los que creen, obedecen; los que no obedecen, no creen. Acompañemos a la palabra de Dios con fe (Hebreos 4:2) y no nos apartemos del Dios vivo (Hebreos 3:12), sino que, en confianza humilde creamos y obedezcamos su palabra –pues tenemos esta promesa de reposo en comunión con Dios.
El descanso de cada domingo es un símbolo de este descanso. Nos recuerda que así cómo Dios descansó de sus obras el séptimo día de la creación, nosotros entraremos en ese descanso con él. El cuarto mandamiento fue dado para el bien del hombre; y una de las cosas para las cuales sirve es para recordarnos de este descanso y animarnos en ser fieles a Dios para que entremos en este descanso. Ocupemos este día para que sirve esta finalidad simbólica de hacernos desear el reposo de Dios, en la cual entraremos si no fallamos por desobediencia incrédula.

About me

  • Ruben
  • D.F., Mexico
  • Soy un cristiano, dedicado a la teología reformada, como la mejor expresión de la enseñanza de la Bíblia, y por lo tanto el sistema teológico que más glorifica a Dios. No soy yo quien aparece en la foto en mi perfil. Pero me gusta como se ve de todos modos.
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