Sunday, March 28, 2010

Hebreos 3, Pregunta 16

16. ¿Cuál es el engaño del pecado que nos podría endurecer mencionada en el v.13?
Que el pecado es engañoso se establece por muchos dichos de la escritura, además de éste, pero baste con notar que el pecado primero entró al mundo por el pecado. Eva da testimonio que la serpiente me engañó, y comí (Génesis 3:13, y lo confirma Pablo en 2a de Corintios 11:3). Aunque a lo mejor no sea una regla universal (1a de Timoteo 2:14), como regla general me parece muy sabia el dicho del teólogo inglés John Owen: "Aún ese primer pecado comenzó en engaño, y hasta que la mente fue engañada, el alma estuvo a salvo."
Para ver como el pecado engaña, podemos considerar esa primera tentación, cuando la serpiente habló con nuestra madre Eva. Ese relato se encuentra en Génesis 3:1-6.
Pero la serpiente era astuta, más que todos los animales del campo que Jehová Dios había hecho; la cual dijo a la mujer: ¿Conque Dios os ha dicho: No comáis de todo árbol del huerto? Y la mujer respondió a la serpiente: Del fruto de los árboles del huerto podemos comer; pero del fruto del árbol que está en medio del huerto dijo Dios: No comeráis de él, ni le tocaréis, para que no muráis. Entonces la serpiente dijo a la mujer: No moriréis; sino que sabe Dios que el día que comáis de él, serán abiertos vuestros ojos, y seréis como Dios, sabiendo el bien y el mal. Y vio la mujer que el árbol era bueno para comer, y que era agradable a los ojos, y árbol codiciable para alcanzar la sabiduría; y tomó de su fruto y comió; y dio también a su marido, el cual comió así como ella.

Notamos sencillamente el hecho que la serpiente toma algo naturalmente placentero (el fruto del árbol era bueno para comer y agradable a los ojos), alaba o exagera sus beneficios (que la haría como Dios), niega la maldad de hacerlo (al decir que Dios sabía que no moriría sino que serían abiertos sus ojos parece sugerir o que Dios dio ese mandamiento por envidia o que no lo dio con la intención de que fuera obedecida, sino como prueba de su inteligencia o algo parecido) y suprime consideración de las consecuencias (la dijo que no moriría). Dicho así la tentación parece algo débil, y el engaño no muy astuto, pero lamentablemente esas mismas estratagemas funcionas una y otra vez en nuestras vidas. De lo bueno y lo placentero que la creación ofrece en abundancia, se nos presenta algún objeto que por nuestro carácter, nuestras circunstancias, y nuestro humor en el momento tiene un encanto especial, y se nos presenta como algo de suma importancia. A la vez, consideraciones de su maldad son suprimidas: el adúltero refleja que se merece esto porque su esposa no le ha tratado bien, el borracho se promete que es la última vez, el ladrón piensa en su necesidad económica, y todos evitan pensar en el Santo Dios ante cuyos ojos están sus caminos y quien considera todas sus veredas (Proverbios 5:21). Si todavía queda algún temor al castigo del pecado, el pensamiento que nadie sabrá, o que nadie lo tomará en cuenta muchas veces basta. Allí en breve, pues, vemos las mentiras que nos cuenta el diablo, vemos el engaño del pecado: que algo placentero pero por alguna circunstancia inaccessible es necesario o de sumo valor; que no es malo; que no habrá consecuencias. A estas mentiras tenemos que responder con la palabra de Dios, que explica nuestro deber y nos dice cuándo y bajo cuáles condiciones podemos o no tener algo deseable (por ejemplo, Efesios 5:18); que demuestra la maldad del pecado en ofender a Dios (Salmo 41:4); y que denuncia en términos severos el tremendo castigo que trae (Romanos 6:23).
Tenemos que estar en alerta, velar y orar (Marcos 14:38), para no entrar en tentación, para poder penetrar el engaño del pecado, y verlo por lo que realmente es: rebelión, traición, inmundicia; la cosa más vil y más asquerosa y más ofensiva que hay. Y es que, como dice el versículo, este engaño del pecado sirve para endurecernos: una vez que nos mete sus garras no nos suelta, y nos vamos volviendo más y más dormidos y menos sensibles. Consideren cómo el engaño del pecado endureció a David. En un momento de su vida, le turba su corazón por cortar la orilla del manto del rey Saúl, quien en ese entonces le buscaba para matarlo (1a de Samuel 24:1-6). Tenía una conciencia activa, que no le permitía alzar su mano contra el ungido de Jehová, ni en un punto mínimo como ese, y eso aunque esa misma persona le había perseguido sin causa. Pero en otro momento de su vida, comete adulterio con la mujer de uno de sus soldados, intenta cubrir el efecto de su pecado con engaño y cuando eso no funciona, da ordenes que aseguran la muerte del soldado cuya esposa había tomado, y permanece sin arrepentimiento por varios meses (2a de Samuel 11). Es un cambio enorme operado en David por el engaño del pecado. Vemos, pues, que el pecado es engañoso, y nos endurece para que sigamos de pecado en pecado, nunca reflexionando, nunca pensando en nuestro peligro, o en la deshonra que hemos traído al nombre de Dios. ¡Con cuánta razón, entonces, nos manda Hebreos estar en alerta contra este enemigo, y exhortarnos los unos a los otros cada día para que el pecado no nos endurezca por su engaño!

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Saturday, October 31, 2009

Hebreos 3, Pregunta 12

¿Cómo fue que los israelitas tentaron a Dios?
El Salmo 95, citado aquí en Hebreos 3, tiene en mente dos eventos principales, que se encuentran en Exodo 17 y Números 14 (como mencioné anteriormente). Pero durante los cuarenta años que Dios estuvo disgustado con su pueblo fueron muchas las provocaciones que dieron. En Números 14 tuvieron una falta de fe en cuanto a las promesas de Dios, no creyendo que Dios podía darles la tierra prometida, pues los residentes eran muy fuertes. Dudaron el poder de Dios, y por esa duda y rebelión fueron excluídos del reposo de Dios. Era el colmo de una tendencia repetida de dudar a Dios y su representante Moisés, quejarse por la provisión que tenían, y rebelarse en contra de los mandamientos divinos. El dictamen que emite Dios, que siempre andan vagando en su corazón es comprobado no solamente por eventos anteriores al juramento de Dios aquí mencionado que no entrarían en su reposo, sino por toda la triste historia que sigue donde se relata la muerte de esa generación. Endurecieron sus corazones, y perecieron en el desierto, de esa manera mostrando lo que siempre viene a los incrédulos y cobardes (Apocalipsis 21:8).
El autor de Hebreos aquí nos exhorta no tentar a Dios, y encontramos algo parecido en 1a de Corintios 10:9, donde Pablo nos manda que no tentemos al Señor, como algunos de los hijos de Israel le tentaron, y perecieron por las serpientes. Se refiere a los sucesos relatados en Números 21:4-9, cuando los israelitas se desanimaron otra vez, otra vez murmuraron, y Dios envió serpientes venenosas que causaran gran mortandad. Aplicando esto a nosotros, como lo hizo Pablo, vemos que tentar a Dios es peligroso porque Dios es peligroso. Los que lo ponen a la prueba, encuentran la verdad de lo que dijo, pero en una manera que no les conviene. Esto es algo que hay que tomar muy en serio, como aprendieron Ananías y Safira (Hechos 5:1-11, y hay que notar cuidadosamente el v.9).
¿Entonces, qué es tentar a Dios? En breve, significa ponerlo a la prueba, y para entenderlo debemos mirar a Exodo 17:7, que dice que Moisés: llamó el nombre de aquel lugar Masah y Meriba, por la rencilla de los hijos de Israel, y porque tentaron a Jehová, diciendo: ¿Está, pues, Jehová entre nosotros, o no? Más adelante, en Deuteronomio 6:16 Moisés nuevamente recurre a este tema, diciendo: No tentaréis a Jehová vuestro Dios, como lo tentasteis en Masah. ¿Cómo lo tentaron? ¿En qué manera lo pusieron a la prueba? La pregunta en Exodo 17:7 lo explica. Los hijos de Israel preguntaron ¿Está, pues, Jehová entre nosotros, o no? Habían visto cómo Dios los sacó de Egipto con mano extendido y brazo fuerte, como ahogó a sus enemigos en el mar que abrió para que ellos pasaran por en medio de las aguas, y además habían visto ya la provisión de maná, cuando comida caía del cielo para su alimento. Pero apesar de las maravillas que habían visto, cuando llegaron a Refidim donde no había agua, dudaron, y pusieron a Dios a la prueba, preguntando si él estaba con ellos o no. No era suficiente que los había rescatado de Egipto, que había abierto el mar, que había llovido pan del cielo sobre ellos - con todo quieren que compruebe una vez más que está presente. Cuando comenzó la sed, se acabó la fe, e insisten que Dios haga algo para que sepan que los acompaña. Exigieron que Dios hiciera algo fuera de lo común para que creyeran lo que ya había demostrado una y otra vez. Fue lo mismo más adelante, cuando el verdadero Israel, el Señor Jesucristo, fue atacado por el diablo. Vemos en Lucas 4:9-12 que el diablo intenta incitar a Jesús que se lanza del pináculo del templo si es el Hijo de Dios. Quiere que Cristo se empeligre para comprobar que Dios lo reconoce como Hijo. Cristo rehusó, en las palabras de Moisés, No tentarás al Señor tu Dios (Lucas 4:12, citando Deuteronomio 6:16). No era necesario exigir una prueba - Dios había dado la palabra que Cristo era su Hijo amada (Lucas 3:22). Lanzarse del templo no sería fe en Dios, porque sería buscar una prueba de lo que Dios ya había dicho - como si la palabra de Dios no era suficiente. Pero cuando sentimos confianza en una persona, su palabra nos es suficiente: con que me diga que algo es cierto o que hará algo, me basta, y no necesito abogados, notarios, contratos, y todo el aparato legal diseñado para obligar a las personas a que cumplan sus promesas.
Además, ¡había escaleras! No debemos esperar que Dios haga algo fuera de lo común cuando los medios cotidianos están a la mano. La fe reconoce la provisión y de Dios en el sueldo tanto como en la multiplación milagroso del aceite y la harina (1a de Reyes 17:14). Claro, Dios comprende que nuestra fe es débil, y aveces ha hecho milagros (y nos ha dejado la historia de esos milagros para que nosotros también tengamos el apoyo de esas señales): y cuando Dios nos permite una señal, no es parte de la piedad rehusarlo bajo el pretexto de no tentar a Dios (Isaías 7:10-14). Pero la fe debe descansar en lo que Dios ha revelado sin exigir pruebas, sin dudar su poder o su buena voluntad. Nosotros tenemos en la muerte y resurrección de Cristo la prueba más fuerte del amor y del poder de Dios hacia nosotros: y lo que tenemos que hacer es creer, que no obstante lo que nos diga la ley, el diablo, o nuestra propia conciencia, en Cristo, siendo unidos a él, Dios está reconciliado con nosotros. Poner a Dios a la prueba demuestra una desconfianza que no puede ser desligada de la ingratitud, y es una provocación a Dios decir que no ha hecho suficiente (cuando mandó a su propio Hijo a la muerte) o que no nos basta su palabra. Dios ha hablado: eso basta, pero en gran amor lo ha comprobado con sus hechos y con su muerte y resurrección: no necesitamos más. Por lo tanto, en fe y gratitud, repósate sobre la promesa de Dios con la confianza que en el tiempo debido entrarás en un reposo todavía más amplio, de la posesión perpetua de la paz de Dios.

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Sunday, March 16, 2008

Hugo Martin y la Tentación de Cristo

El teólogo escosés Hugo Martin nos enseña que los relatos de los evangelios son más que un mero recuerdo, somo una biografía cotidiana. Son mucho más, porque son el medio por el cual Jesús cumple su promesa de estar con nosotros siempre, hasta el final del mundo. Y esto se puede aplicar a porción del relato que encontramos en los evangelios. Quiero ocupar a los pensamientos de Martin en cuanto a la presencia de Cristo con nosotros en el relato de la tentación como una ayuda en mis propias reflexiones sobre este punto (el relato de la tentación se encuentra en Mateo 4:1-11; Marcos 1:12,13; Lucas 4:1-13: Hugo Martin también agrega Lucas 22:28,29).

Como Cristo fue tentado, nosotros también lo seremos. El fue atacado en el punto de ser Hijo de Dios (y creo que aquí no es una referencia a su naturaleza como Dios el Hijo, sino a su posición como Mediador), y nosotros también somos atacados en el punto de nuestra adopción. Y como el diablo nos sigue atacando, tentando, en este relato tenemos un conflicto y una victoria continua: el conflicto continúa en cada uno de nosotros, y Cristo triunfa sobre el diablo una y otra vez en nosotros (comparen Génesis 3:15 con Romanos 16:20).

La tentación es idéntica. Satanás ataca a Cristo en cuanto a este punto: si tu eres el Hijo de Dios: y de la misma manera nos asalta a nosotros.
El diablo ataca de ésta manera: ¿Si eres el Hijo de Dios porque no estás viviendo como el Hijo de Dios? ¿Si Dios es tu Padre, por qué tienes hambre? Si eres el Hijo de Dios, di que estas piedras se conviertan en pan (Mateo 4:3). Nos aflige con nuestra pobreza, con la dureza de nuestras circunstancias. Nos dice cosas como: ¿apoco piensas que Dios es tu Padre cuando sufres tanto? ¿Acaso puedes creer que Dios te ha tomado como hijo y luego no te alimenta bien? Al contrario, tus circunstancias manifiestan que Dios te ha rechazado, que no quiere tener nada que ver contigo.
¿Cuál es la respuesta correcta? ¿Cómo respondió Cristo? No sólo de pan vivirá el hombre, sino de toda palabra que sale de la boca de Dios (Mateo 4:4). Hay que notar aquí que Cristo se identifica con nosotros. Aplica a sí mismo lo que corresponde al hombre. Cuando el Verbo Eterno se hizo carne, aceptó todo lo que eso significaba, aún de sufrimiento. Está con nosotros en esta tentación: ha pasado, y pasa ahora con nosotros, por lo más fuerte de la tentación. Entonces ¿qué significa la palabra de Cristo? Significa que acepta la palabra de Dios antes que toda evidencia de sus sentidos, antes de sus sentimientos, antes que todo. Dios ha dicho, este es mi Hijo amado, y Cristo lo va a creer. Por fe en la palabra de Dios, evita el lazo del diablo. El triunfa en nosotros en la misma manera: cuando contamos la palabra de Dios como la realidad básica, última, máxima: si lo que la Biblia dice y lo que yo veo, siento, pienso, no concuerdan: ¡pues al diablo con mis pensamientios, sentimientos y experiencias! Lo que Dios ha dicho es cierto, y a eso me voy a aferrar. Dios dice que en Cristo Jesús soy su Hijo (Gálatas 3:26): pues eso es lo que voy a creer, no obstante lo que se oponga.

Entonces con la palabra y con el Espíritu, es decir con las mismas armas que tenemos nosotros, Cristo conquista al diablo, en las tentaciones idénticas que nos vienen a nosotros. Si el asalto es idéntico, pues también la defensa. Aprendamos del ejemplo de Cristo a resistir al diablo con la espada de la palabra de Dios, dependiendo del poder del Espíritu Santo. Pero además de eso, tenemos que reconocer su presencia con nosotros en la tentación: él escogió humillarse con nosotros, aceptar nuestra condición: y eso significa que no se aleja de nosotros cuando somos tentados. No nos menosprecia, no nos desdeña por ser tentados. Está con nosotros aún en esta prueba: su victoria se aplica a nosotros, y por él triunfamos.

Y esto nos lleva al último punto que hace Martin, que la victoria es idéntica, en su galardón final y en su auxilio inmediato. Del galardón final es difícil decir mucho, porque ¿quién puede hablar de las glorias del cielo? Pero notemos simplemente este dicho de Cristo: Pero vosotros sois los que habéis permanecido conmigo en mis pruebas. Yo, pues, os asigno un reino, como mi Padre me lo asignó a mí (Lucas 22:28,29). O nuevamente Cristo dice en Apocalipsis 3:21: Al que venciere, le daré que se siente conmigo en mi trono, así como yo he vencido, y me he sentado con mi Padre en su trono. Cuando el diablo nos tienta, y con la palabra de Dios en el poder del Espíritu lo resistimos, vamos en camino hacia esta gloria con Cristo. Pero además de este galardón final, también hay auxilion inmediato: Dios nos refresca, nos restaura, al pasar victoriosamente por un tiempo de tentación. Vemos esto en el caso de Cristo: después de la tentación, el diablo lo dejó por un tiempo (Lucas 4:13). Dios nos da temporadas de paz y descanso. Pero además de esto, los ángeles vinieron y le sirvieron (Mateo 4:11). Ahora aquí es fácil pensar, "Bueno, eso fue Cristo, él tuvo lujos que yo no, los ángeles ni siquiera se dan cuenta de mí." Pero eso no es cierto: Cristo compartió nuestra condición, tomó a sí mismo lo más severo de nuestra aflicción. Entonces cuando leemos en Hebreos 1:14 que los ángeles son espíritus ministradores, enviados para servicio a favor de los que serán herederos de la salvación, creo que debemos concluir que aunque nosotros no nos demos cuenta, los ángeles ministran también a nosotros, por el mandamiento de Dios. Pero además de estos beneficios, también podemos notar que hubo un aumento en la utilidad después de la tentación. ¿Qué pasa cuando Cristo termina con la tentación? Y Jesús volvió en el poder del Espíritu a Galilea... y enseñaba en las sinagogas de ellos (Lucas 4:14,15). La tentación resultó en un ministerio más ámplio. De la misma manera cuando pasamos por la tentación, podemos esperar que Dios nos dará más oportunidad y más poder para servirle.

En la tentación, entonces, no desesperemos: recordemos que Cristo lo pasó: que está con nosotros en esto: imitemos su ejemplo en la batalla: y confiemos que él será victorioso en nosotros, que el resultado de la tentación será un galardon de gloria, y un mejor servicio para Dios.

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Sunday, November 05, 2006

Cristo Con La Palabra de Dios Vence la Tentación

El elemento central en la tentación de Cristo, como en la tentación de Adán y Eva fue simplemente esto: ¿Oirán la palabra de Dios o la palabra del diablo? (Génesis 3:1-5) Cuando el diablo viene a Jesús en tres tentaciones Cristo cada vez responde con la palabra.

Primero el diablo se dirige a los deseos físicos e inocentes de Cristo: su hambre. Intenta usar esto para llevar a Cristo a convertir a piedras en pan. Nunca se había mandado que no se podía hacer esto; pero Cristo está en el desierto por la dirección del Espíritu; debe estar contento con lo que el Padre le da. Y se acuerda que Dios es quien nos sostiene; sin Dios, el pan no nos sostendrá; y con Dios no necesitamos pan, si él no decide proveerlo. Vale la pena leer todo Deuteronomio 8:3: “Y te afligió, y te hizo tener hambre, y te sustentó con maná, comida que no conocías tú, ni tus padres la habían conocido, para hacerte saber que no sólo de pan vivirá el hombre, mas de todo lo que sale de la boca de Jehová vivirá el hombre.” Cristo aplica la palabra de Dios a una situación donde podría parecer que no entraba. De esta manera conquista el diablo, que secretamente le solicitaba al descontentamiento y a pensar que un medio es necesario, cuando lo necesario es la bendición de Dios: los medios importan solo en cuanto Dios los determina.

Segundo (según el orden de Lucas; Mateo da el orden cronológico, pero Lucas los acomoda diferentemente con motivos teológicos), el diablo tienta a Cristo a la desobediencia directa de la palabra. Le pide adoración. Esto era ofrecer un camino fácil a Cristo para llegar a su destino correcto. Está escrito que el Mesías hereda todas las naciones (Salmo 72:11, Apocalipsis 12:5): el diablo le ofrece un camino corto, una manera rápida de llegar: pero ese camino rápido involucra desobediencia a la palabra de Dios. Cristo lo rechaza, citando un texto que expresa que es ilegítimo adorar a cualquiera sino a Dios (Deuteronomio 6:13, “A Jehová tu Dios temerás, y a él solo servirás, y por su nombre jurarás. Aunque el camino de obediencia incluía la cruz, Cristo prefiere la obediencia con sus sufrimientos, que el pecado con su camino aparentemente fácil.

Tercero, el diablo reconoce que Cristo se aferra a la palabra: entonces tuerce un texto para engañar a Cristo a ser presumido. Toma del Salmo 91:11,12, un texto que se refiere al Mesías, una promesa que Dios le hizo. Los judíos esperaban que el Mesías se manifestaría desde esa parte del templo, entonces podría parecer lógico combinar ese texto y la expectativa judía y aventarse. Pero Cristo se rehusa, porque el diablo lo está torciendo, considerándole en aislamiento de las otras enseñanzas de la palabra de Dios. Es decir, para entender bien al Salmo 91 era necesario saber algo de Deuteronomio. La Bíblia no se contradice, entonces no podemos interpretar una parte de tal manera que contradiga a otra parte. Y la interpretación del diablo fallaba, no porque la promesa no es cierta; no porque la promesa no tiene que ver con Cristo; pero porque la interpretación diabólica ignora a Deuteronomio 6:16, “No tentaréis a Jehová vuestro Dios, como lo tentasteis en Masah”. En Deuteronomio es plural; él lo repite en el singular, aplicando personalmente lo que se aplicaba a todo el pueblo.

El diablo falló en solicitar a Cristo: nuestro Señor se acuerda de la Escritura; rechaza la desobediencia aunque es más fácil que la obediencia; aplica a sí mismo un principio general; entienda la Bíblia en harmonía; y aferrándose a la Bíblia, vence al diablo.

En todo esto sirve de ejemplo para nosotros. ¿Sabemos usar la palabra para vencer las tentacioned del diablo? Miremos a Cristo cuidadosamente en este momento en su vida para aprender.

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About me

  • Ruben
  • D.F., Mexico
  • Soy un cristiano, dedicado a la teología reformada, como la mejor expresión de la enseñanza de la Bíblia, y por lo tanto el sistema teológico que más glorifica a Dios. No soy yo quien aparece en la foto en mi perfil. Pero me gusta como se ve de todos modos.
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