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La Derrota de Judá

Desde los postreros días de Salomón la tendencia de la nación de Israel había sido hacia abajo. Después de la muerte de Salomón, por la necedad de su hijo Roboam, el reino fue dividido en dos partes. El reino del norte, al cual se aplica el nombre 'Israel', pasó por 19 reyes y al final de ese tiempo fueron llevados a cautiverio por los Asirios (2a de Reyes 17:6). Ni siquiera uno de esos reyes siguieron fielmente a Jehová. El primero, Jeroboam, para consolidar su reino hizo dos becerros de oro, y dijo al pueblo que adoraran con esos becerros (uno en Dan y uno en Bet-El). Desde su tiempo ningún rey se aparto de la adoración de esos becerros, y algunos descendieron aún más, adorando a Baal. La nación del sur, llamada Judá, duró unos 135 años más que la nación de Israel. Sus reyes fueron descendientes de David, y algunos destacan como grandes hombres de fe, aunque todos con sus defectos. Pero esos pocos reyes no alteraron el hecho que la nación se apartó de Dios y rehusó escucharlo, entonces cuando no había remedio (2a de Crónicas 36:16), Dios trajo contra ellos a Nabucodonosor, rey de Babilonia quien los llevó en cuativerio. Su afflicción no fue repentina. Cuando el rey Josías fue a pelear sin causa contra el rey de Egipto, murió. Su hijo, Joacaz, solamente reinó por tres meses, pues el rey de Egipto le quitó y puso en su lugar a su Eliaquim (cambiando su nombre en Joacim), quien era hermano de Joacaz. Pero no duró bajo el dominio de Egipto, porque Nabucodonosor lo llevó a Babilonia y en su lugar reinó su hijo Joaquín; a él también Nabucodonosor lo llevó cautivo, e instaló a Matanías (tío de Joaquín) y le cambió el nombre a Sedequías. Bajo este rey fue cuando se destruyó el templo de Jehová y se quitaron por completo los reyes de Judá. Todo este proceso duró unos 23 años, así que, aparte de los profetas tuvieron los eventos mismos para llamarlos al arrepentimiento pero no escucharon. Además, había sido figurado en la experiencia de un rey anterior, Manasés. Este fue quizá el rey más inicuo en toda la historia de Judá, y sus pecados son asignados como la causa por el cual Judá sufrió tantas cosas. Este rey, quien tuvo la ventaja de un padre piadoso, Ezequías, no aprovechó sus oportunidades, sino que en su mania para la idolatría hasta llegó a pasar a su hijo por el fuego y poner imágenes idólatras en el templo mismo (2a de Reyes 21:3-7), y llenó a Jerusalén de sangre inocente (2a de Reyes 21:16). Los asirios llevaron a Manasés atado en cadenas a Babilonia. Estando allí, este rey se humilló en arrepentimiento, buscó a Jehová y Dios le hizo volver a Jerusalén, donde mostro su sinceridad quitando los imágenes que él había puesto. La nación de Juda hubiera reflexionado en este evento, para darse cuenta que Dios si los permitiría ir en cuativerio por sus pecados, y que tenían que arrepentirse. Pero no escucharon, y su destrucción está narrada en 2a de Reyes 25, 2a de Crónicas 36, Jeremías 39 y 52 y endechada en el libro de Lamentaciones.
Dios es fiel a sus promesas; y esa fidelidad es maravillosa y terrible. Maravillosa cuando ha prometido algo para nuestro bien; terrible cuando por violar su ley nos hemos puesto en su contra. Su ira nos encontrará, si no nos arrepentimos cual Manasés.

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  • Ruben
  • D.F., Mexico
  • Soy un cristiano, dedicado a la teología reformada, como la mejor expresión de la enseñanza de la Bíblia, y por lo tanto el sistema teológico que más glorifica a Dios. No soy yo quien aparece en la foto en mi perfil. Pero me gusta como se ve de todos modos.
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