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Castigando a Dios

El ser humano es capaz de mucha necedad. La malignidad de nuestros corazones entenebrece los razonamientos de nuestro entendimiento. Hay un ejemplo de esto (que una vez más nos recuerda la penetración profunda que la Biblia, como palabra de Dios, tiene en los asuntos del alma humano) en el profeta Jeremías, donde Dios relata algo que los habitantes de Judá estaban haciendo:
Los hijos recogen la leña, los padres encienden el fuego, y las mujeres amasan la masa, para hacer tortas a la reina del cielo y para hacer ofrendas a dioses ajenos, para provocarme a ira. ¿Me provocarón ellos a ira? dice Jehová. ¿No obran más bien ellos mismos su propia confusión? (Jeremías 7:18,19)

Aveces practicamos la maldad para molestar a Dios. Por algún motivo u otro nos molestamos con Dios, y pensamos que le vamos a mostrar que no puede tratar así con nosotros. Entonces decimos blasfemias, o quizás atacamos a sus ovejas de alguna forma, o simplemente dejamos de buscarlo, con el propósito de mostrarlo que no debe meterse con nosotros, o para obtener nuestra revancha, o simplemente como un niño, porque ya no hablamos con esa persona. Pero esto es tontería. ¿Acaso nosotros podemos quitar felicidad al que es bendito por los siglos (Romanos 1:25)? ¿Apoco Dios se sentirá triste o sólo por lo que nosotros hacemos? ¿Cómo es posible pensar que nuestras palabras, nuestros pensamientos o hechos, le pueden dañar? Al contrario, lo que logramos es nuestra propia confusión. Si en un frenesí de enojo disparamos una pistola hacia el sol al mediodía, no es el sol que se lastima, sino nosotros cuando la bala desciende nuevamente a la tierra. Cuando de alguna manera nos oponemos a Dios, nos oponemos a nosotros mismos. Dios sigue siendo felíz, bendito, santo y justo: nosotros solamente manifestamos para nuestra propia destrucción la malignidad cancerosa que existe en nuestro ser. Quien alza su puño contra el cielo termina golpeando su propia nariz.

About me

  • Ruben
  • D.F., Mexico
  • Soy un cristiano, dedicado a la teología reformada, como la mejor expresión de la enseñanza de la Bíblia, y por lo tanto el sistema teológico que más glorifica a Dios. No soy yo quien aparece en la foto en mi perfil. Pero me gusta como se ve de todos modos.
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