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Hebreos 1, Undécima pregunta

En el v.6 el autor se refiere a Deuteronomio 32:43. Pero si lo buscó se dio cuenta que en nuestra versión no dice lo que el autor de Hebreos repite. En Hebreos dice: Adórenle todos los ángeles de Dios pero en Deuteronomio dice Alabad, naciones, a su pueblo. La explicación parece ser que el autor de Hebreos estaba dependiendo de una traducción al griego del antiguo testamento que se conoce como la Septuaginta. Aveces nosotros podemos sentirnos desanimados o desconfiados en nuestras Biblias por que son traducciones. ¿Qué podemos aprender del hecho que un autor del nuevo testamento también usaba una traducción?


Esta pregunta no exige que dominemos perfectamente todas las cuestiones que debaten los eruditos acerca de este tipo de asunto. La verdad es que el creyente cotidiano no va a tener ni el tiempo ni los recursos para entrar a fondo en este tipo de cuestión. La pregunta más bien se dirige hacia lo práctico. Vemos que el autor de Hebreos, bajo inspiración divina, usa una traducción del antiguo testamento (una traducción que muchos consideran imperfecta). ¿Eso de qué nos sirve?


Pues nos enseña que Dios ha dado su palabra de tal forma que se puede traducir. Lo dio en lenguaje humano, y los conceptos (proposiciones) se pueden expresar en cualquier idioma. Así que los que no saben hebreo, ni arameo (para el antiguo testamento) ni griego (para el nuevo), sin embargo, pueden estudiar y en gran medida comprender la palabra de Dios.


Una traducción sigue siendo la palabra de Dios. Pero hay una diferencia. Aquí podemos referirnos a la Confesión de Fe de Westminster, 1.8:

El Antiguo Testamento se escribió en hebreo, (que era el idioma común del pueblo de Dios antiguamente), y el Nuevo Testamento en griego, (que en el tiempo en que fue escrito era el idioma más conocido entre las naciones).En aquellas lenguas fueron inspirados directamente por Dios, y guardados puros en todos los siglos por su cuidado y providencia especiales, y por eso son auténticos. Por esta razón debe apelarse finalmente a los originales en esos idiomas en toda controversia.

Como estos idiomas originales no se conocen por todo el pueblo de Dios, el cual tiene el derecho de poseer las Escrituras y gran interés de ellas, a las que según el mandamiento debe leer y escudriñar en el temor de Dios, por lo tanto la Biblia debe ser traducida a la lengua vulgar de toda nación a donde sea llevada, para que morando abundantemente la Palabra de Dios en todos, puedan adorar a Dios de una manera aceptable y para que por la paciencia y consolación de las Escrituras, tengan esperanza.


Cuando hay algún punto controvertido, para determinarlo hay que mirar a las Escrituras en sus idiomas originales. El motivo de esto es que las traducciones tienen autoridad in res, es decir en la sustancia de lo que dicen. La proposición “Por gracia sois salvos” es un dicho autoritario, sea en griego, árabe o castellano. Pero en el idioma original hay además la autoridad in verbum, es decir, en las mismas palabras. No solamente el concepto (que está vestido, comunicado por las palabras) sino que las palabras mismas son autoritarias, pues fueron inspiradas por Dios. Entonces cuando hay que ser muy exacto, como es el caso en controversias, hay que mirar a los originales. Esto es porque una traducción tiene autoridad, pero es autoridad derivada de la inspiración del original. En la medida que la traducción refleja adecuadamente las proposiciones (la sustancia) del original, es autoritaria. Pero en los puntos de detalle que se manifiestan por la forma y arreglo de las palabras, solamente el original tiene autoridad.


La lección práctica para nosotros es que podemos usar nuestras versiones con confianza: pero no debemos de agarrar una palabra, una forma de expresión, y ocuparlo para sacar grandes doctrinas e insistir que todos se rindan ante nuestra superioridad exegética. Más bien debemos de humildemente comparar la Escritura entre sí, y compara también lo que la iglesia ha confesado que es su entendimiento de ellas, como protección para cada uno de nosotros que no nos desviemos por nuestra soberbia.


Aún en traducción, entonces, es cierto lo que dice la Confesión de Westminster (1.7)

Las cosas contenidas en las Escrituras, no todas son igualmente claras ni se entienden con la misma facilidad por todos; sin embargo, las cosas que necesariamente deben saberse, creerse y guardarse para conseguir la salvación, se proponen y declaran en uno u otro lugar de las Escrituras, de tal manera que no solo los eruditos, sino aún los que no lo son, pueden adquirir un conocimiento suficiente de tales cosas por el debido uso de los medios ordinarios.

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  • Ruben
  • D.F., Mexico
  • Soy un cristiano, dedicado a la teología reformada, como la mejor expresión de la enseñanza de la Bíblia, y por lo tanto el sistema teológico que más glorifica a Dios. No soy yo quien aparece en la foto en mi perfil. Pero me gusta como se ve de todos modos.
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